Álvaro Neil, el Biciclown

Nos dice Rafael Argullol en “El deseo de geografía” que “los espacios vacíos se incrustan en la mente como lugares deseables…” A lo largo de la historia de la humanidad, ese deseo de descubrir, ha provocado la aparición de grandes exploradores que han ido conformando el mapa de nuestro planeta. Desde Heródoto (484-425 a.C.), el padre de la historiografía que hizo la primera descripción del mundo antiguo, hasta Yuri Gagarin (1934-1968), primer hombre en el espacio (con permiso de la perrita Laika), pasando por Marco Polo y su ruta de la seda, Cristóbal Colón, Vasco da Gama, James Cook, Darwin, Livingstone, Amundsen, o Jeanne Baret (1740-1807), primera mujer en dar la vuelta al mundo en barco, para lo que tuvo que hacerse pasar por hombre.

Parece lógico pensar que una vez descubierto todo el planeta, ya no existan “espacios vacíos” que incentivarnos a viajar. Nada más lejos de la realidad. Hay una parte de nosotros que nos empuja a conocer lo desconocido y lo conocido. La ciencia identifica un gen que relaciona nuestras ganas de viajar con nuestros orígenes nómadas, y lo llama Síndrome de Wanderluster. Le pongamos nombre o no, la realidad es que actualmente miles de personas están haciendo grandes viajes de todas las formas imaginables. Caminando, en bicicleta, en barco, en coche, en moto, en globo, en autostop, en familia, en solitario, con su mascota, y de todas las edades y condiciones posibles. El viaje es una experiencia de crecimiento personal maravillosa. Ayuda a disminuir los prejuicios sociales. Es una poderosa manera de hacer que los pueblos se acerquen conociendo nuevas culturas. En la actualidad, el acceso a internet y el boom de las redes sociales, nos permite ser partícipes de muchos de esos viajeros. Nos alegramos con ellos. Nos emocionamos con ellos. Sufrimos con sus dificultades. Y lo más importante, nos ilusionamos con ellos.

Este año, la Semana Cultural de nuestro Colegio está dedicada a los viajes. Y por ello, se está fomentando la asistencia de grandes viajeros. Hemos tenido hace pocas fechas a la Familia Zapp y su increíble historia de un sueño. Y ahora hemos tenido la inmensa fortuna de contar con otro de los grandes viajeros de nuestro tiempo. Álvaro Neil, el Biciclown. Si hiciéramos un top 5 de viajeros de habla hispana, tanto los Zapp como Álvaro, estarían en ella sin ninguna duda.

Álvaro, licenciado en Derecho, trabajaba en una notaría cuando dejó todo atrás por hacer un gran viaje. Nos cuenta que la lucha en su interior entre conciencia e intuición, la ganó esta última. Cogió su bicicleta, y el 8 de octubre de 2001 aterrizó en La Paz, Bolivia. Después de dos años y casi 32.000 kms, había dado la vuelta a Sudamérica. Al regresar a su Asturias natal, tenía muy claro que quería seguir viajando y en 2004 inició la vuelta al mundo en bicicleta. Calculó 10 años para hacerla. Tardó 13 (2004-2017). Y si ya es especial su viaje con todas sus anécdotas, lo verdaderamente especial de su periplo es el proyecto que llevó con él. “Miles of Smiles Around the World”. Porque Álvaro, es Payaso de profesión. Recorrió el mundo desde 2001, ofreciendo su espectáculo de payaso por todo el planeta. Regaló cientos de actuaciones de clown en favor de aquellas personas más desfavorecidas. Y gratis. Como dice él “la sonrisa era su salario”.
Su amor por la bicicleta es inmenso. Al preguntarle por qué eligió ese medio, nos dice que cuando viajas en coche o moto, ves la vida pasar muy rápido y a través de un cristal, mientras en bicicleta la ves pasar “a la velocidad de las mariposas”, y tienes tiempo para saborear la lluvia, escuchar los sonidos de la naturaleza, olerla. Además de la evidente puesta en forma que conlleva, te abre muchas puertas. Todos quieren ayudar a un “loco” que anda por el mundo pedaleando. Y 16 años dan para mucho. Después de visitar más de 100 países de los 5 continentes, y pasar por 4 malarias, ha publicado 6 libros, 5 documentales, e infinidad de artículos y entrevistas por todo el mundo.

En esta charla, el alumnado de 3º, 4º de la ESO, y Bachillerato, junto con una representación del personal docente y directiva del centro, asistieron a una evento cuando menos original, diferente, lleno de alegría, locura, creatividad, y maravillosos consejos para todos. Como buen payaso que es, sus anécdotas provocaron que la risa de los asistentes estuviera presente en todo momento. Álvaro es de esas personas que no pasan desapercibidas. Irradia una felicidad contagiosa. Su manera de ver la vida es terriblemente adictiva. Los chicos permanecieron inmóviles en sus asientos durante la hora que duró la charla. Ojipláticos, atónitos, con una mezcla de incredulidad, admiración y respeto. Al menos por un ratito, nadie se acordó de su móvil, de su consola de juegos, de su tablet. Y los alumnos alargaron la charla media hora más, saciando su curiosidad con preguntas de todo tipo. Además de interrogarle sobre los aspectos más tangibles como los peligros encontrados, las enfermedades, los países más hermosos, la fauna, o los hábitos higiénicos, querían saber qué pensaría ese ser “extraño” que sólo tiene un par de zapatos y dos camisas, sobre el amor, la religión, la cultura, las fronteras, la felicidad, o la vida.

No se trata de ver la vida de una forma frívola. Todo lo contrario. Estas experiencias de viajeros nos inculcan valores y les hacen ver a nuestros jóvenes, y recordar a los mayores, que la vida es más sencilla de lo que parece. Que los prejuicios y miedos a otras razas, culturas, y religiones, son inventos de nosotros mismos. Álvaro nos dice que luchemos por nuestros sueños y que lo hagamos con pasión. Que fracasar no es no conseguirlo sino no intentarlo con todas nuestras fuerzas. Que no hay frontera más grande que las mentales. Que el valor de lo material es mental. Lo importante no es el dinero y el consumo, sino el amor. Que vivamos en el presente ya que el cementerio está lleno de soñadores. Que el mundo tiene los mismos miedos que tú, y el miedo puede hacer que suceda lo que temes. El mundo está ahí para ayudarte. Que hay una relación directa entre la pobreza de los países y su amabilidad con el extraño (Sudán, Irán y Siria, los más amables). Que el respeto es el valor más importante en la vida. Respeto por las religiones, las culturas, las razas, el prójimo. Nos dice que ser nómada le ha enseñado a que un árbol es una sombra donde refugiarse, que los pájaros pían al amanecer para darte los buenos días, que el sol al salir te saluda y al atardecer se despide, que la tierra no pertenece al hombre, sino es el hombre el que pertenece a la tierra. “¿Qué sociedad hemos construido donde el hombre no se relaciona más que con aquellos que conoce, donde el extraño es observado bajo el prisma de la desconfianza?”

Una cosa es segura, nadie salió indiferente.

Dejemos de procrastinar. Actuemos ya.

Gracias Álvaro.

Zenón Sánchez. Padre del Colegio

abril 10, 2019